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Lágrimas

Lunes, 18 Diciembre 2006

Repasar nuestras vidas con el mando a distancia de los recuerdos, se convierte en un juego peligroso.

No debemos de olvidar, que la memoria tiende a descatalogar los episodios que peores recuerdos pueden traernos y por otro lado, tiende a “oscarizar” los mejores momentos.

 Por ello, cuando nos encontramos en una situación, digamos, feliz. Deberíamos de ser capaces de pronosticar el resultado del partido que vamos a disputar y dependiendo de nuestra honradez, ceñirnos únicamente a la realidad.

 Pero claro, si hicieramos eso, seríamos máquinas programadas por la lejanía de la felicidad y que yo sepa, nadie quiere ser así.

 Total, que cuando llega el momento feliz, siempre dejamos que la emoción nos embargue, hinchamos los pulmones, respiramos y nos lanzamos con todas las consecuencias a vivir la vida. Mientras tanto, nuestro otro yo, se cansa de golpear nuestra cabeza con todas sus fuerzas y preferimos hacer caso omiso de él y dejarnos teletransportar por el instante que nos toca tener.

 Este fin de semana he sido pasto de las oleadas de un océano y como buen surfista (que no lo soy), me he subido a sus olas y me he dejado llevar a tierra firme por la cadencia de su marea. Desde allí, observé la arena que pisaba, la volvi a repisar, dejé que se borraran las huellas y una vez conseguido, volví a enmarcar mis pies sobre su dulce cuerpo…

 Deseo que las lágrimas que volveré a traer, lloren los frutos que deseo recoger.

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